Causas de la falta asertividad

Seguramente cuando eras pequeño te enseñaron que no debías contradecir a tus padres, familiares y profesores, etcétera. Quizá te enseñaron que no debías llamar la atención sino que debías encajar en la sociedad, y mostrar al mundo aquello que la sociedad espera de ti.

Esa idea puede llegar a arraigarse y convertirse en una voluntad inconsciente de intentar complacer siempre a los demás, aunque normalmente la falta de asertividad, muchas veces es solo una consecuencia más de la elevada necesidad de aprobación. Es por eso, que tratas de evitar confrontaciones, rechazos, o la sensación de culpa por haber herido los sentimientos a otra persona.

 

Educación y creencias

A muchos nos educaron en la idea de que siempre debíamos intentar satisfacer y priorizar las necesidades de los demás antes que las necesidades de uno mismo. Crecimos con creencias como por ejemplo que no era correcto anteponer nuestras propias necesidades por encima de las de los otros, o tal vez creencias como que cuando alguien decía algo que no nos gustaba debíamos callar.

Pero junto a la educación recibida, existen también otros factores que determinan que no te comportes habitualmente de forma asertiva, y tienen que ver con factores emocionales. Vamos a ver algunos de esos factores.

La falta de asertividad es un círculo vicioso: cuando no eres asertivo lo más seguro es que te sientas menos valioso. O quizá hayas visto muchas veces como pisotean constantemente tus derechos, tus prioridades, sin que tú te atrevieses a decir nada, lo que te convertirá en una persona todavía menos asertiva en el futuro.


Recuerda que cuando no defiendes tus derechos o expresas tus propias opiniones, ideas y emociones, estás invitando a los demás a que te traten de esa misma forma, y que siempre sean sus deseos y sus prioridades las que se impongan.


Otro factor importante es el perfeccionismo y la auto-exigencia. La paradoja es que nosotros mismos nos presionamos para actuar conforme el rol que se supone que debemos desempeñar en cada momento según la sociedad o la familia en la que hemos crecido. Casi todos somos más pasivos y menos asertivos delante del director general de nuestro sitio de trabajo que frente el compañero de trabajo con el que compartimos mesa y tenemos mucha confianza.

 

Conocerse a uno mismo

Como he comentado al principio, mucha gente a aprendido a comportarse y avanzar en la vida de forma no asertiva por imitación de la conducta de su familia o por roles culturales. Quizá haya sucedido que siempre has tenido a tu alrededor personas serviciales y complacientes, que siempre se sacrifican por los demás, que renuncian a sus prioridades y deseos porque anteponen los de los demás. Este tipo de personas experimentan que tal vez haya personas que se aprovechen de su servicialidad y su bondad, precisamente por no ser asertivo en expresar sus opiniones y sus deseos o prioridades.

 

 


Por tanto, la asertividad tiene mucho que ver con ser capaz de defender las opiniones y prioridades de uno mismo por encima de la presión social o por encima de lo que se supone que se considera correcto o educado. Muchas veces, en la vida hay que ser asertivo para poder acercarse a la coherencia emocional, a vivir, decidir, y priorizar de acuerdo a los propios deseos, opiniones, e ideas. Porque si no lo haces puede suceder que vivas únicamente para satisfacer a los demás y para tener su aprobación, pero no para ser feliz.


No estoy diciendo con esto que uno no deba sacrificarse por los demás, es evidente que muchas veces hay que hacerlo. Me estoy refiriendo a el problema de sacrificarse por los demás no porque uno quiera hacerlo, sino porque no tiene el valor de decir NO cuando es algo que realmente no quiere hacer o incluso cuando siente que es algo que NO debe hacer.

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