Síntomas de la baja autoestima

No estar a gusto siendo quien eres o no confiar plenamente en tus propias capacidades tiene unas consecuencias graves en muchas facetas de tu vida. Muy probablemente dejes de atender encuentros sociales, de conocer gente, o oportunidades laborales o de poder encontrar pareja por culpa de la baja autoestima y la falta de habilidades sociales. Sabrás que sufres baja autoestima si te suele ocurrir lo siguiente:

  1. Evitas relacionarte con los demás

2. No expresas tus ideas u opiniones por miedo a los de los demás o a lo que piensen de ti.

3. Habitualmente sientes ansiedad cuando debes enfrentarte a determinadas situaciones sociales.

4. Eres muy perfeccionista y a pesar de tus logos muchas veces no valoras lo que consigues.

5. Te cuesta mucho tomar decisiones porque piensas en las consecuencias de cada una de las opciones

6. Te corroe la envidia cuando los demás consiguen algo que te hubiese gustado conseguir a ti.


Encontrarás multitud de libros, artículos, vídeos y cursos sobre cómo mejorar tu autoestima por todo Internet. Desafortunadamente la mayoría de ellos están basados en ideas que no siempre han demostrado que puedan tener una eficacia real.
Vamos a ver esos falsos mitos para que de ese modo tú no vuelvas a caer nunca más en los errores que quizá cometiste en el pasado, y luego aprenderás los métodos científicos que te ayudarán a dejar atrás tus miedos e inseguridades si trabajas duro con ellos.


Tal y como demostró el doctor Cacioppo, los humanos estamos en cierto modo predispuestos a valorar más lo negativo que lo positivo. Demasiadas veces nos obsesionamos con lo malo y olvidamos lo bueno con una gran rapidez. Nuestra mente, se enfoca mucho más en los fallos y en los errores que en los logros positivos. Por eso es que no es habitual encontrar personas muy optimistas, en general abundan más los pesimistas.


Hay un concepto que se conoce en psicología como el sesgo de negatividad, y en realidad es un fenómeno habitual en gente que tiene ansiedad, fobia social o depresión. Por tanto, la negatividad no es una elección consciente, sino algo que está profundamente programado en nuestro interior, quizá a un nivel muy profundo o subconsciente. Esto nos hace verdaderos expertos en detectar amenazas, incluso cuando no existen en realidad. Y lo peor es que incluso si esas amenazas no tienen elementos objetivos que las respalden, generan en nosotros el mismo miedo y ansiedad que si esa amenaza fuese real.


Hay que entender que el miedo y la ansiedad tienen una razón de ser desde el punto de vista evolutivo, es decir, son un mecanimo de supervivencia de las especies. Cuando una gacela es atacada por un guepardo en la sabana africana, se desencadenan una serie de síntomas en su cuerpo que están relacionados con la ansiedad. Se acelera el ritmo cardíaco, la respiración, se aporta más sangre a los músculos de las piernas, y se libera adrenalina en el torrente sanguíneo.

Es algo que está programado en su biología, y también en la nuestra, puesto que no debemos olvidar que nosotros también somos animales, y la amenaza de ser devorado por un depredador o atacado por una tribu vecina, era muy real hasta hace unos miles de años.


Aunque hoy en día ya la mayoría de nosotros no tenemos que defendernos de depredadores o tribus enemigas, nuestra mente sigue sin poder distinguir entre esas antiguas amenazas y las amenazas psicólógicas, como el miedo al rechazo o a hacer el ridículo.

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